Blog Hofmann
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Aprovechando que ya es primavera, decidimos salir a dar un paseo, disfrutar del buen tiempo y tal vez, echar un vistazo a las floristerías del barrio para decorar la casa. Mientras elegíamos las flores para formar un ramo, se nos ocurrió que podría ser divertido pasar la tarde componiendo un pequeño bodegón primaveral para después hacer algunas fotos. Con esta idea en la cabeza, regresamos a casa con un montón de flores y algunas ideas que quisimos tener en cuenta para hacer un bodegón algo diferente:

El motivo y la paleta de colores

Esto se nos ocurrió mientras comprábamos las flores. Estaba claro que lo que nos motivó a componer un bodegón fue la llegada del buen tiempo, así que la idea que queríamos representar era la primavera. Por eso elegimos colores representativos y nos ceñimos a ellos, con la idea de combinarlos adecuadamente durante la composición. En este caso nos decantamos por el verde, el blanco y el amarillo, todo muy primaveral.

El fondo y el entorno del bodegón

Un buen bodegón necesita un buen lienzo. El fondo y la superficie del bodegón también puede ayudarnos a expresar un motivo, y si le ponemos atención también evitaremos caer en lo repetitivo sacando siempre los mismo fondos de pared de nuestra casa. Para esto suelo utilizar todo tipo de materiales, desde maderas y papeles antiguos a cartulinas con texturas (hay infinidad de variedades en papelerías especializadas). Cualquier material se puede convertir en nuestra “pared artificial”. En nuestro caso decidimos darle un toque orgánico comprando un par de planchas de musgo en la floristería que simulasen un entorno natural sobre el que colocar nuestras flores.

La composición y la luz, lo más natural posible

Pensad que un bodegón floral, al final, representa una escena cotidiana que queremos recordar en el tiempo. Por lo tanto, tratad de expresar esa escena lo más sencilla posible. Eso sí, conviene repartir de forma equitativa los elementos en la composición para que no “cojee” a la vista y dejar el suficiente espacio entre ellos para que la foto “respire” un poco. En este sentido, nos puede resultar muy útil la famosa regla de los tercios a la hora de componer. En cuanto a la luz, al tratarse de de un bodegón con flores, yo prefiero luz natural, pero no directa. En nuestro caso utilizamos la luz de media tarde que entraba por la ventana, que le dio calidez y naturalidad a la escena.

Para la foto, diferentes encuadres y puntos de vista

A la hora de disparar, es tan importante lo que sacamos dentro de nuestra fotografía, como lo que se queda fuera. Este es el momento de resaltar aquello que más nos llama la atención, tanto si es en conjunto como si son los detalles. Por eso, suelo recomendar probar a tomar diferentes fotos, más abiertas y más cerradas, jugando con la profundidad de campo para enfocarlo todo o resaltar sólo algunas partes, etc. Muchas veces, la mejor foto es la que menos nos esperamos.

El toque humano siempre ayuda

Suele ser muy habitual introducir elementos que “adornen” o “acompañen” al motivo principal de la escena. Cuando utilicemos este recurso, deberíamos hacerlo siempre con cierta intención. Por ejemplo, suele ser recurrente introducir un libro o una taza de café, para indicar que lo que se quiere retratar es un momento de tranquilidad y descanso. Cámaras antiguas, viejos mapas, lupas, etc., cuando se quiere transmitir una atmósfera nostágica. En nuestro caso, en el último momento, decidimos introducir unas manos que sostuviesen una flor, la flor que más nos gustaba, y que queríamos destacar por encima de las demás. Finalmente, una foto que ni siquiera habíamos pensado en un primer momento fue la que más nos gustó.

¿Y si queremos hacer que las flores sigan decorando la casa?

Muy fácil. Lamentablemente, por mucho esfuerzo que hayamos puesto en nuestro bodegón y muy bonito que nos haya quedado, la flores siempre se marchitan. Y si, es cierto que tomamos muchas fotos aquella tarde y que podremos revisarlas una y otra vez, tantas veces como queramos. Pero aun así las flores, una vez marchitas, ya no podrán decorar nuestros rincones favoritos de la casa. Por eso, se nos ocurrió una última idea. Convertir nuestro bodegón en un “jardín vertical”. Para conseguirlo, imprimimos nuestra foto favorita en un lienzo gigante de Hofmann. Y oye, aunque la primavera, inevitablemente, también pasará, siempre que queramos podremos asomarnos al lienzo y recordar los días florales.

BY Adrián Cano